
Neurocosmética en la industria: del ingrediente funcional a la experiencia sensorial
La industria cosmética ha vivido una de las mayores revoluciones en los últimos años. Hoy, un producto ya no se juzga solo por lo que promete hacer en la piel, sino por cómo se siente desde el primer contacto.
La textura, el aroma, la forma en la que se absorbe y la sensación que deja después de aplicarlo son tan importantes como el activo estrella de la fórmula.
Ahí es donde entra la neurocosmética, una tendencia cuyo enfoque es que la piel no solo reacciona, también percibe y comunica. Y cuando una formulación logra conectar con los sentidos, la experiencia se vuelve memorable.
En este contexto, formular ya no es únicamente combinar ingredientes funcionales; es diseñar sensaciones. Y lo mejor: esa experiencia sensorial se construye desde el laboratorio, con los insumos correctos.
¿Qué es la neurocosmética y por qué está redefiniendo la formulación?
La neurocosmética es una corriente de la cosmética que estudia la interacción entre la piel, el sistema nervioso y los estímulos sensoriales. En palabras simples: es el estudio de cómo lo que aplicamos en la piel influye en la forma en que nos sentimos.
Texturas agradables, aromas reconfortantes y sensaciones de suavidad no son casualidad. Están pensadas para activar respuestas sensoriales que el cerebro interpreta como bienestar, calma, frescura o placer.
A nivel industrial, esto representa un cambio importante: ya no basta con que un producto funcione, tiene que sentirse bien durante y después de la aplicación. Y eso se logra desde el diseño de la formulación.

La experiencia sensorial como parte del valor del producto
Cuando una persona prueba un cosmético, su evaluación ocurre en segundos: ¿Se siente ligero o pesado? ¿Se absorbe rápido? ¿Huele bien? ¿Deja la piel suave o pegajosa?
Estas percepciones influyen directamente en la sensación de calidad, la confianza en el producto y la decisión de volver a comprarlo. Por eso, la sensorialidad ya no es un “extra”, sino parte del valor del producto.
Desde este enfoque, la experiencia sensorial se convierte en una herramienta estratégica para diferenciar a las marcas y ganarse la lealtad de los clientes.
Diseño sensorial en formulación cosmética: mucho más que una buena textura
Diseñar una experiencia sensorial implica entender cómo cada elemento de la fórmula aporta una sensación específica. Nada está ahí por accidente.
Consejo técnico
La elección de ingredientes para cada grupo sensorial depende de diferentes factores, entre los que destacan el producto a desarrollar así como al cliente final (consumidor). Por ello antes de desarrollar un producto es indispensable verificar e investigar, qué es lo que exactamente busca el consumidor final.
Por ejemplo, si el consumidor busca una crema antiedad, está buscando hidratación, humectación, reposición de aceites naturales así como el activo funcional (antiedad), para ello en este tipo de productos se tiene la creación de un sistema de emoliencia que conlleva a tener diferentes sensoriales mediante diferentes aceites como almendras dulces, aceite de coco, manteca de mango e incluso manteca de karité (cegesoft sb-45), cada uno de estos materiales darán en conjunto un sensorial con deslizamiento, absorción lenta reponiendo aceites en la piel, seguido con un tacto seco pero sedoso. Llevando al consumidor a toda una experiencia sensorial.
Adicional, la fragancia para este tipo de productos es vital. Ya que al abrir el producto se percibirá el aroma mandando señales al cerebro, procesando información y llevando a la creación de vivencias, recuerdos o bien, experiencia de bienestar.
Tacto y textura: lo que la piel percibe al primer contacto
El primer segundo cuenta. La textura define la expectativa del usuario incluso antes de que el producto se absorba.
Sensaciones como sedosidad, suavidad, ligereza, o deslizamiento controlado se logran mediante la correcta selección de ingredientes como bases, emolientes, humectantes, aromas y agentes sensoriales. Un pequeño ajuste en estos componentes puede transformar por completo la percepción del producto.
Absorción y confort: el equilibrio entre eficacia y sensación
Un producto puede ser técnicamente excelente, pero si deja sensación grasosa o tarda demasiado en absorberse, la experiencia del usuario puede ser negativa.
El tiempo de absorción y el confort posterior dependen del sistema de formulación, del tipo de emolientes y de cómo interactúan los ingredientes entre sí.
Desde este enfoque se pone especial atención en lograr fórmulas que se sientan ligeras, cómodas y agradables desde el primer uso.
Aroma y perfil olfativo: el estímulo emocional más poderoso
El olfato está directamente conectado con la memoria y la emoción. Por eso, el aroma de un cosmético puede relajar, energizar o generar sensación de cuidado, incluso antes de que el producto actúe.
Las fragancias en este tipo de formulaciones no solo aportan olor: aportan experiencia. Su intensidad, permanencia y armonía con la fórmula son clave para que el producto se perciba equilibrado y placentero.
Sensación post-aplicación: lo que el usuario realmente recuerda
La experiencia no termina cuando el producto ya se absorbió. La sensación residual es la que se queda en la memoria del usuario: piel suave, hidratación percibida, confort prolongado, aroma duradero y una sensación de frescura o calidez.
En neurocosmética, el “después” es tan importante como el “durante”. En el después, los resultados son decisivos para la recompra y la recomendación del producto.

Ingredientes que construyen experiencias: del laboratorio a la piel
Desde este enfoque, los ingredientes no solo cumplen una función técnica: construyen sensaciones. Cada componente de la fórmula influye en cómo el producto se percibe al aplicarse, cómo evoluciona sobre la piel y qué recuerdo deja después. Por eso, formular desde este enfoque implica pensar la fórmula como un todo, donde cada ingrediente dialoga con los demás.
No se trata de sumar activos, sino de orquestar una experiencia sensorial coherente, desde la textura inicial hasta la sensación final en la piel.
Bases cosméticas
Son el punto de partida de cualquier formulación y definen gran parte de la experiencia inicial del producto. Aportan cuerpo, consistencia y estabilidad, determinan si el producto se percibe ligero, denso, cremoso o fluido.
Además, influyen directamente en el deslizamiento y la facilidad de aplicación. Un ejemplo común son las mezclas de agua y aceite unidas mediante un emulsionante, que funcionan como base para lociones, cremas hidratantes y productos de cuidado personal.
Emolientes
Son responsables de la sensación de suavidad que se percibe al aplicar un producto. Reducen la fricción sobre la piel y aportan ese tacto sedoso o aterciopelado que muchos usuarios asocian con calidad y confort.
Dependiendo del tipo de emoliente, la fórmula puede sentirse más ligera u oleosa. Algunos ejemplos incluyen aceites vegetales refinados, ésteres cosméticos y siliconas, que se eligen con base en la sensación que se busca transmitir.
Humectantes
Ayudan a retener la humedad en la piel, por lo que juegan un papel importante en la sensación de hidratación inmediata y prolongada. Además, aportan frescura y mejoran la percepción de elasticidad y confort.
Ingredientes como la glicerina, el propanodiol o el pantenol son ejemplos de humectantes comunes que, bien formulados, contribuyen a que la piel se sienta cuidada incluso después de la aplicación.
Fragancias
Son el componente aromático del producto y tienen un impacto directo en la experiencia del usuario. Un aroma agradable puede transmitir sensaciones de bienestar, limpieza, frescura o relajación desde la primera aplicación.
Su elección y dosificación son clave para que acompañen a la fórmula sin resultar invasivas. Se utilizan perfiles aromáticos diseñados para integrarse con el producto y reforzar su identidad sensorial.
Conservantes
Son esenciales para garantizar la seguridad y estabilidad microbiológica del producto a lo largo del tiempo. Aunque su función es principalmente técnica, una selección adecuada evita alteraciones en el olor, la textura o el color de la fórmula.
Hoy en día existen sistemas conservantes diseñados para ser eficaces y compatibles con formulaciones orientadas al confort y la experiencia sensorial del usuario.
Agentes sensoriales
Los agentes sensoriales permiten ajustar los detalles finales de la formulación. Modifican la textura, el acabado y la sensación que el producto deja en la piel tras su aplicación.
Gracias a ellos, una fórmula puede sentirse más ligera, más sedosa o menos grasosa. Ejemplos de estos ingredientes incluyen polvos sensoriales y modificadores de textura que ayudan a perfeccionar la experiencia final del producto.
Neurocosmética aplicada: formulaciones que conectan con el usuario
Cuando la sensorialidad se integra desde el desarrollo, el resultado son productos que generan bienestar, invitan al uso constante y acaban volviéndose los favoritos de los clientes.
Este enfoque es aplicable tanto para productos faciales, como corporales y capilares. En todos los casos, el formulador se convierte en algo más que un técnico: en un diseñador de experiencias.

El papel de Soluciones Integrales Pochteca en la neurocosmética
En este camino, contar con los insumos adecuados marca la diferencia. En Soluciones Integrales Pochteca encontrarás los ingredientes que permiten construir experiencias sensoriales reales.
Más que vender insumos, en SIP acompañamos a los formuladores en la creación de productos que se sienten tan bien como funcionan.
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